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Cambiando Tus Patrones de Pensamiento

¿Cómo puedo parar y no tener más pensamientos lujuriosos? ¿Cómo puedo tener victoria sobre mi pensamiento negativo, de crítica y pesimista? ¿Cómo puedo dejar de sentirme enojado, celoso, culpable, deprimido o impaciente? ¿Cómo puedo mantener mis pensamientos puros?

Si tú te estás haciendo cualquiera de estas preguntas, básicamente te estás preguntado, “¿Cómo puedo cambiar? ¿Cómo puedo controlar mis pensamientos y desarrollar nuevas actitudes?”

Las experiencias que hemos tenido, como las de nuestra infancia, nos dejan huellas. Estas experiencias causan que respondamos de cierta manera a situaciones que enfrentamos más tarde en nuestra vida. Esto es un patrón común para todos nosotros. Una persona que nunca experimentó una muestra de afecto de su padre, ahora lucha por una profunda necesidad de este tipo de expresión. A otra se le hizo sentir que nunca iba a poder hacer algo de manera correcta, así que ahora él lucha con un sentido de incertidumbre e inferioridad. Otra persona fue profundamente herida por alguien a quien conocía, y ahora le resulta difícil confiar en cualquier persona. Pero también existen las experiencias positivas. Mucha gente experimenta amor, aceptación, apoyo y estímulo cuando eran niños. Ellos son capaces, mientras su vida se desarrolla, de relacionarse más fácilmente con la gente y las circunstancias.

Donde los patrones son negativos y destructivos, la persona necesita cambiar para que pueda encontrar liberación y experimente una nueva libertad, la libertad que viene de conocer la verdad y cómo aplicarla. “Y conocerán la verdad y la verdad, los hará libres” (Juan 8:32). Donde los patrones han sido positivos y reafirmados, pueden ser desarrollados y reforzados por una acción específica y planeada.

El hecho importante a reconocer es que nuestros patrones de pensamiento y hábitos pueden ser cambiados de manera constructiva y podemos experimentar una liberación de las reacciones y respuestas que continuamente nos derrotan.

Vamos a ver un patrón típico de pensamiento en este tipo de situación. Primero, reconocemos que hay una necesidad de cambiar una actitud, cualquiera que sea esta actitud. Quizá sea una actitud hacia un individuo o una actitud hacia una situación. Para cambiar su actitud, el Cristiano promedio piensa que sólo con orar pueda cambiar su actitud.

Hemos sido instruidos que la forma de cambiar es a través de la oración. Después de que oramos, de alguna forma algo se supone que debe de suceder y nuestras actitudes cambian. No lo diríamos de esta forma, pero existe esta implicación que cierto proceso místico toma lugar y las actitudes cambian cuando una persona ora o lee la Biblia.

Reconocemos que existe una cierta verdad para este concepto. La Biblia lo dice, así que sabemos que debe de haber una verdad en esto. “¿Cómo es que un hombre joven puede mantener su camino puro? Con guardar Tu Palabra” (Salmo: 119:9). Dios es el único que puede traer un cambio real en nuestros patrones de pensamiento. ¡Debemos de tener siempre esto en mente!

Sin embargo, la gente repetidamente lucha en vano por resultados en este patrón – ellos oran y piden ayuda pero nada pasa. Ningún cambio de actitud se lleva a cabo. Ellos continúan luchando con los mismos conflictos básicos. Cuando esto sucede, un patrón de derrota empieza.

Claro que el enemigo (Satanás) toma ventaja en este punto y empieza acusando, “Ya ves, debe de haber algo más que está equivocado o esta actitud cambiaría.”  Así que la gente ve las cosas con mayor profundidad, ora más fuerte, pasa períodos de tiempo más largos con el Señor, y aún así muchas de estas actitudes no cambian. Esto es algo real que vamos a encontrar continuamente en nuestras relaciones con la gente.

Al considerar esto queremos ser muy cuidadosos de no permitir ninguna idea Cristiana de “Hazlo tú mismo”. Nosotros no hacemos los cambios en nuestras vidas. Sólo Dios tiene el poder de hacer cambios internos y profundos. Queremos enfatizar esto, para que no exista ningún mal entendido.

En base a Proverbios 4:23, “Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida,” y en otra Escritura animamos a la gente a que sature su corazón, su mente básicamente, con la Palabra de Dios. Creemos que cuanto más saturados estamos de El, vamos a influir en la conducta y manera de pensar de la gente. Esto es un concepto verdadero. Pero para experimentar el cambio, debemos de poner en práctica las verdades con las cuales estamos saturando nuestras mentes.

Para poder empezar a entender cómo esto se aplica al concepto de cambiar nuestros patrones de pensamiento vamos a examinar una pequeña frase de Pablo, “Sean transformados mediante la renovación de su mente” (Romanos 12:2). Cada uno de nosotros debe buscar encontrar la respuesta a la tan importante y práctica pregunta, “¿Cómo renuevo mi mente?”

Utilicemos lo alto de una colina como ilustración. Cuando cae la lluvia sobre la colina, el agua se escurre. ¿Cómo se escurre? Por riachuelos o surcos. Inicialmente son sólo riachuelos, pero cada vez que cae la lluvia, los riachuelos o surcos se hacen más hondos.  Se convierten en grietas profundas.

Ahora vamos a comparar estos riachuelos/surcos con patrones de comportamiento en nuestras mentes. Cuanto más pensamos sobre algo, nuestro patrón de pensamiento se vuelve más fuerte. Cada vez que reaccionamos de cierta manera, reforzamos ese patrón de pensamiento. Así es como los hábitos se forman.

Si queremos deshacernos de los riachuelos en la colina, podemos tomar un buldózer y cubrirlos. Podemos también construir una presa pequeña donde el riachuelo/surco empieza para que la próxima vez que llueva se den cambios en los riachuelos. Mientras que no podamos cubrir nuestros pensamientos con buldózers mentales, podemos construir una presa en nuestras mentes cuando ciertos pensamientos empiezan. Podemos rehusarnos a pensar en ellos. Podemos decir, “No voy a permitirme pensar en esto.”

Construir una presa en nuestra mente, sin embargo, no es suficiente. Esto es, decir que “no” no es suficiente por sí mismo. También necesitamos proveer un nuevo curso para nuestro pensamiento. ¡No debemos solamente de suprimir nuestros pensamientos! Debemos de redirecciónarlos.  Debemos de cambiar nuestros patrones de pensamiento negativos en patrones de pensamiento positivos.

Encontramos una buena ilustración de esto en las palabras de Pablo, “El que robaba, que no robe más, sino que trabaje honradamente con las manos para tener qué compartir con los necesitados” (Efesios 4:28). ¿Cómo es que un ladrón para de ser ladrón? ¿Es acaso al no robar más? No precisamente. Ciertamente esto forma parte importante. Es decir “no” a un hábito negativo y destructivo. Es construir la “presa.” Pero no es suficiente. Para poder cambiar, al ladrón se le dice que tenga un trabajo y gane dinero de manera honesta. Además tiene que dar a otros que están en necesidad para que quizá no sean tentados a robar. Ahora el proceso está completo. El hábito negativo ha sido tratado con un acto de la voluntad que escoge frenarlo. Pero la voluntad debe también escoger reemplazar esto con la correspondiente acción constructiva para que el cambio en los patrones de pensamiento sea completado.

Así que se ve claro que con el fin de cambiar estos patrones de comportamiento debemos hacer dos cosas. Primero, debemos de construir la presa, esto es, rehusar permitir pensamientos equivocados. Segundo, debemos redirigir el flujo y desarrollar una nueva forma de pensamiento. Finalmente los patrones viejos desvanecerán. No desaparecerán, pero se desvanecerán y tendrán menos influencia al controlar nuestro pensamiento.

Necesitamos darnos cuenta que esto toma lugar por un acto de la voluntad, no por simplemente desearlo ni tampoco por la meditación y la oración. La meditación y la oración son necesarias, pero necesitamos ir más allá a un acto de la voluntad.

Pablo nos da unos pensamientos de ayuda sobre el tema, “Concentren su atención en las cosas de arriba” (Colosenses 3:2) es una declaración que involucra un acto de la voluntad. Fijas tu mente en algo. “Haced morir…pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos, y avaricia, que es idolatría” (v.5), “Pero ahora abandonen también todo esto” (v.8),“Revístanse” (v.12). Cambiando los patrones de pensamiento no es solamente “deshacerte de” construir presas, pero también “revestirse/poner” a través de construir nuevos patrones. No es solamente suprimir, pero redirigir nuestros pensamientos en maneras de pensar sanas y positivas.

¿Qué es lo que “hagan morir” (v.5) significa? Los viejos patrones de pensamiento no se mueren naturalmente, sería fantástico si así fuera y nunca más tener ese deseo o tentación. Pero debido a que “engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” (Jeremías 17:9), y por que la naturaleza de la carne y el pecado es la naturaleza de la carne y el pecado y ambiciona de manera lujuriosa en contra del Espíritu, estas batallas continúan. Por lo tanto, el enunciado “hagan morir” requiere de una acción continua. Debemos hacer morir los patrones de pensamiento cada vez que se formen en sus cabezas. No podemos sólo poner la inmoralidad a morir, y después ya no tener pensamientos inmorales. Continuarán apareciendo y cada vez que esto suceda, debemos ponerles un alto justo a la cabecera con la presa. ¡Todo el tiempo! Las más veces que pongamos esos pensamientos equivocados a morir y pongamos los nuevos, será menos probable que nuestros pensamientos fluyan en la dirección incorrecta.

Pablo nos manda a que desarrollemos, formas de pensar sanas, positivas y espirituales (Colosenses 3:12). Debemos de “poner” ciertos patrones de pensamientos mientras nos “deshacemos” de los equivocados. Estos dos pasos son esenciales si se va a dar un cambio genuino.  Hemos visto la ilustración del ladrón que cambió (Efesios 4:28). En el mismo pasaje Pablo da otra ilustración que nos puede ayudar de cómo “deshacernos” y cómo “poner” pensamientos en nuestra cabeza. El establece que el mentiroso debe de dejar de mentir, pero inmediatamente nos recuerda que él debe de hablar la verdad. (4:25). No solamente que el mentiroso pare de decir mentiras, pero que él empiece a decir la verdad. Los dos pasos son claros – “dejar” y “poner.”

Pablo trata con este concepto en su carta a los Romanos (capítulos 6-8). Ayuda tener un título de una sola palabra para estos pasajes. Romanos capítulo 6 describe nuestra “provisión.” Hemos sido liberados del poder del pecado. “Nuestro viejo hombre (el control de nuestra naturaleza pecaminosa) fue crucificado con El, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado” (v. 6). “Porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado” (v. 7). “El pecado no tendrá dominio sobre ustedes” (v. 14). “Han sido libertados del pecado” (v. 18). Fue dada una “provisión” para que podamos vencer el poder del pecado.

“Luchar” es la palabra clave en el capítulo 7. Luchamos todo el tiempo. Luchamos cómo obtener la provisión del capítulo 6 en nuestras vidas. La solución es Cristo Jesús (v. 25).

El es siempre nuestra respuesta final. Nosotros conocemos esto. Predicamos sermones sobre esto. Lo enseñamos. Pero no muy frecuente le enseñamos a la gente cómo experimentarlo en una manera práctica.

El capítulo 8 nos dice cómo. Una frase es repetida varias veces. Diferentes versiones lo establecen de diferentes maneras, pero la idea es la misma. Todas ellas se refieren a “preparar a tu mente.” Aquellos que están de acuerdo a la naturaleza de la carne y el pecado preparan sus mentes con cosas que son de naturaleza carnales y pecaminosas, pero aquellos que están de acuerdo al Espíritu, (preparan su mente en) las cosas del Espíritu. El ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz, por cuanto la mente puesta en la carne es enemiga de Dios (vv. 5-7).

Agrega a eso estas palabras de Pablo,  “Sujeta tus pensamientos a todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).

Allí en esencia, es el concepto completo de pensar correctamente: “en esto pensad.” Es una afirmación de orden que requiere una respuesta de la voluntad – sujetar nuestros pensamientos – fijar nuestras mentes en estas cosas.

La aplicación práctica  de este concepto es esta: “Lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad” (Filipenses 2:12,13). Esta afirmación presenta el proceso cronológico del que habla Romanos 6-8. Otra versión establece, “Pero Dios que es el Energizante dentro de ti, el que produce el querer como el trabajar para su deleite” (v. 12, New Berkeley).

Un interruptor de luz puede ser utilizado para ilustrar la responsabilidad del Cristiano en este proceso. Al moverse el interruptor, apaga o prende la luz. Ese interruptor se conecta a un alambre que va a través de la casa y hacia una línea de poder que finalmente va a una planta generadora. Millones de volteos de electricidad son producidos ahí. La fuente de energía es enorme. El poder va por las líneas al interruptor de la pared. Si la luz es iluminada por la energía eléctrica depende de la posición del interruptor. El “switch” es un interruptor de circuito.

En la misma forma lo que pasa en la primera parte de las declaraciones de Pablo determina si la energía en la segunda parte viene a nuestras vidas. Continuamente trabajando/viviendo nuestra salvación tiene que ver con lo que pensamos – a lo que sujetamos nuestros pensamientos, qué decisiones de la voluntad realizamos. En efecto Pablo dice, “Tú has tu parte. Tú has lo que tú sabes que está correcto.” Esto significa que debemos de renovar nuestros pensamientos, y no permitirles que continúen siguiendo patrones de pensamiento negativos. Esto es difícil y requiere disciplina personal. De este modo estamos encendiendo el “switch” para que la energía de Dios fluya ya sea que escojamos no permitir que los pensamientos equivocados continúen.

Los patrones de pensamiento están tan arraigados  que no reconocemos el estímulo que los activa. Y antes de lo que pensamos, uno de nuestros pensamientos viejos se activa y empieza a correr cuesta abajo. Respondemos a esto tan rápido como un chasquido repentino de los dedos. Por ejemplo, cuando escuchamos la palabra “chimenea” inmediatamente vemos una imagen – buena, mala o indiferente. Las palabras “playas y océanos” inmediatamente nos traen una imagen específica a la mente. Estas palabras son estímulos que nos inducen un patrón de pensamiento inmediato.

De la misma forma, por lo tanto, hay muchas cosas que “provocan” o activan patrones de pensamientos equivocados.  Necesitamos preguntarle a Dios que nos alerte a través de Su Espíritu Santo en el minuto en que estos patrones de pensamiento negativo empiecen.

Esto es todo lo que podemos legítimamente pedirle a El que haga. Cuando le pedimos a Dios que cambie nuestros patrones de pensamiento, le estamos pidiendo que haga algo para lo cual El ya ha dicho que somos responsables.

Vamos a considerar como una ilustración el conflicto que se presenta en una relación interpersonal. Una persona dice, “He orado por meses, literalmente, por amor hacia esa persona pero simplemente no puedo amarlo.” Sin embargo, cuando Dios dice que hagamos algo, nunca es cuestión de “no puedo” pero de “no lo haré.” Dios nos manda a amar a otros, si son o no nuestros enemigos, si nos han maltratado o no. Estamos para amarnos unos a otros. No importa cómo nos sintamos, Dios nos manda que demostremos las cualidades del amor (1 Corintios 13:4-7) por un acto de la voluntad en obediencia a esa orden. Cuando actuamos en obediencia, nuestros sentimientos responderán de acuerdo a esto. “Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros” (Juan 13:34). Esta cuestión no es de “no puedo” pero de “no lo haré.”

Existen muchas áreas similares donde frecuentemente nos encontramos preguntando a Dios que cambie algo cuando El nos ha dicho qué hacer. El nos dice claramente que es nuestra responsabilidad de “fijar nuestros pensamientos” y “preparar nuestras mentes.” Tenemos el derecho de preguntar a Dios que nos alerte a ser sensibles al inicio de esos patrones de pensamiento negativo, pero tan pronto El nos alerta, entonces la responsabilidad de tomar acción es nuestra.

Por ejemplo, una de las áreas en la que los hombres tienen gran dificultad es con sus ojos – lo que ellos ven. Nosotros enseñamos a los hombres que es su responsabilidad controlar sus ojos. Y mientras se haga énfasis en esto, se presenta un problema. El problema es que les estamos pidiendo que supriman una reacción normal. La Biblia se refiere específicamente a esto.  Se nos ha dicho en las palabras del Señor Jesús que si un hombre ve a una mujer con lujuria él ha cometido adulterio en su corazón. Jesús no dijo que estaba mal ver. Existe una diferencia.

Jesús nunca condenó ver lo que normalmente cruza nuestra línea de la vista. Pero, nosotros sí lo hacemos. Le pedimos a un hombre que actúe contrariamente a una reacción normal y producimos un conflicto inmediatamente. El momento en que un hombre ve a algo que puede causar lujuria, él se siente culpable. Es como si él no debe de ver o se supone que utilice persianas. Esto produce una tremenda cantidad de frustración.

Lo que debemos hacer es ayudar a los hombres a darse cuenta que viendo a alguien o algo que es atractivo es normal. Sin embargo, cómo un hombre maneje sus pensamientos siguientes es importante. Si él se permite a si mismo pensar en deseos lujuriosos por esa persona o cosa, de acuerdo a Jesús, él está pecando. Pero yo enfatizaría que el mismo estímulo puede ser utilizado para producir una respuesta positiva así como una respuesta negativa.

Años atrás cuando empecé a darme cuenta de esto, yo aprendí por primera vez cómo tener una victoria real en esta área de mis propios pensamientos.  Yo recuerdo lo revelador y liberador que esto fue. Cuando me encontraba viendo a una mujer atractiva que pudo haber generado pensamientos que estaban equivocados, yo los admitiría y lo controlaría diciendo, “Gracias Señor. Gracias que soy sano, que tengo respuestas normales, que estoy hecho a la manera que tú quisiste que fuera hecho, y yo te alabo, Señor por tu habilidad creativa de cómo has hecho a esta persona atractiva. Sean su carácter interior y su personalidad más atractivos, porque es más importante que su apariencia exterior.”

Solamente tomó medio segundo, pero una presa fue construida y un nuevo canal positivo fue producido. Ocurrió muy rápido. Por la gracia de Dios que se ha convertido en un patrón de pensamiento ahora.

El principio es utilizar el mismo estímulo que podría producir pensamientos negativos para producir respuestas positivas escogiendo aquello que vas a permitir a tu mente que piense. Yo no suprimí esos sentimientos. Yo no dije, “Vamos Jorge no se supone que debas de pensar de esa manera.” Eso sólo refuerza la respuesta negativa que estoy tratando de vencer. La supresión refuerza el negativismo. Sublimación o redirección refuerza un reemplazo positivo de ese pensamiento negativo. Así que, el mismo estímulo puede producir resultados positivos/puros, si estamos alerta en capturarlos en el momento que nuestros pensamientos inician un patrón negativo/impuro. Hacemos esto al construir una “presa” diciendo “no” al pensamiento destructivo y diciendo “sí” a una alternativa positiva y constructiva.

Aquí es donde viene la Escritura. Los versículos o conceptos de la Escritura pueden ser utilizados para construir estas presas que revisan nuestro pensamiento. La próxima vez que esa misma cosa estimule nuestro pensamiento debemos decirnos a nosotros mismos, “No pienses de esa manera, piensa de esta manera.” Esto redireccióna aquellos patrones de pensamiento hacia direcciones positivas. “Piensa en todo aquello que es verdadero, bueno y correcto” (Filipenses 4:8).

Si nosotros hacemos lo que Dios pide (Filipenses 2:12), después El promete energizarnos (v. 13). Sometemos nuestra voluntad a Dios. Decidimos por un acto de la voluntad no continuar con los patrones viejos pero dejar que El nos cambie. El promete hacer eso. Todo lo que hacemos es lanzar el “switch” diciendo “no” a los pensamientos equivocados y “sí” a los correctos, y la energía de Su enorme fuente de poder fluye a través de nosotros y nos energetiza para hacer lo que queramos hacer y lo que El quiere que hagamos. De este modo, no es por nuestros esfuerzos que esto se logra. El produce el cambio, pero nosotros debemos tomar la opción.

Vamos a ver otra ilustración personal. Encontré que en mi relación con mi esposa, Florine, no estoy más allá de sentirme impaciente. Nunca lo estaré. Mientras esté en este cuerpo y tenga el corazón de carne, voy a tener estas tendencias. Pero me doy cuenta ahora que soy capaz de reconocer estos sentimientos impacientes.

Todos nosotros los experimentamos: enojo, resentimiento, envidia, celos, estar a la defensiva, lujuria, y otros más. Estas son parte de las tentaciones de las cuales Pablo habla (1 Corintios 10:13). Lo importante es lo que hacemos con estos sentimientos. Un seguidor de Cristo no debe ser controlado por sus sentimientos. A esto se refiere Proverbios 25:28 como dominio propio. ¿Entonces, cómo es que manejamos estos sentimientos? Este trío ayudará a contestar que:

  1. Nuestras Emociones Reaccionan. Como hemos visto, todos nosotros tenemos sentimientos que reaccionan a una variedad de estímulos. Es importante que nosotros admitamos estos sentimientos. Es destructivo tratar de negar o suprimirlos. Pero, como seguidores de Cristo, no debemos ser controlados por estas reacciones iniciales.
  1. Nuestros Intelectos/Mentes Evalúan. Somos responsables para “establecer nuestras mentes” y pensar a través de nuestras respuestas emocionales y sus posibles resultados. Es en ese punto que la Biblia es tan importante. Cuando más sabemos de lo que la Biblia dice, tenemos más verdad para evaluar nuestras reacciones. Esto también nos ayudará a saber qué hacer con los sentimientos que estamos experimentando.
  1. Nuestras Voluntades Escogen. Habiendo tenido la reacción inicial y habiendo evaluado, ahora debemos escoger nuestro curso de acción. ¡Aquí está nuestro paso crucial! Nuestra evaluación nos habrá dicho que nuestros sentimientos/reacciones, no son bíblicos, no son ni constructivos ni amorosos. A pesar de esto escogeremos actuar en la base de nuestros sentimientos. Esto será una respuesta y comportamiento inmaduro. También esto es desobediencia y pecado (Santiago 4:17). Sin embargo, la opción madura, la cual hemos estado discutiendo con el fin de cambiar nuestros patrones de pensamiento, es prestar atención a la evaluación y actuar de manera responsable como resultado de la evaluación aunque nuestros sentimientos sean diferentes.

(Este artículo es primeramente el trabajo de George Sánchez de la organización Navigator.)