Cuando tu despertador suena en las mañanas, ¿alguna vez te inclinas hacia él, lo apagas, y continuas acostado allí, aunque ya habías planeado levantarte a cierta hora? Cuando finalmente te levantas, te preguntas, ¿Por qué no tengo más fuerza de voluntad?

O alguna vez has pasado por una maquinita de dulces o una tienda de helados, compras y te comes los dulces, y entonces te preguntas, “ ¿Por qué hice eso? Ya tengo sobrepeso, y esas fueron 500 calorías que no necesito.  ¡Ojala y tuviera más fuerza de voluntad!”

Todo mundo está interesado en la fuerza de voluntad, sean Cristianos o no.  El método que utiliza “Weight-Watchers” [1] es el estimular tu fuerza de voluntad para que comas las cosas correctas y no subas de peso, o terminarás subiendo lo que ya has perdido.  Aquellos que corren necesitan mucha fuerza de voluntad para salir a correr.  Levantarse a las 6 o 7 de la mañana para correr 3 millas es difícil.  

En este artículo, me gustaría que nos enfoquemos en aquello que tiene connotaciones espirituales porque nuestro objetivo básico en la vida es glorificar a Dios a través de nuestra obediencia y nuestra confianza.  Todo lo que hagamos, dice la Biblia, debemos hacerlo para la gloria de Dios – 1 Corintios 10:31.  

En 1 Corintios 9, Pablo habla sobre los atletas que se disciplinan a sí mismos para poder recibir una recompensa pasajera, pero lo que hacemos nosotros es para poder recibir una recompensa eterna–nos disciplinamos a nosotros mismos para la gloria de Dios.  

Básicamente, la voluntad es la facultad de elección o determinación–es la causa inmediata de todas nuestras acciones.  Es un elemento importante de nuestro carácter.  Pero la elección que hacemos–la elección que la voluntad hace–es afectada por las influencias ejercidas sobre ella.  La elección es determinada por el poder de motivación más fuertemente ejercido sobre nuestra voluntad en cada situación.

El poder de motivación varía en diferentes situaciones.  Puede ser la lógica de la razón en algunas situaciones. Por ejemplo, piensas en algo y dices, “Bueno, debería hacer esto”–y entonces lo haces.  Por otra parte, puede ser la voz de la conciencia que te empuja hasta que te obliga a hacer algo bueno que has hecho mal en el pasado.  O puede ser el impulso de la emoción.  (Las tiendas se aprovechan de esto cuando utilizan exhibiciones o anuncios que apelan a nuestros sentimientos.)  Sin embargo, también pueden ser los deseos pecaminosos–o susurros del Espíritu Santo–o puede ser la tentación de Satanás.  Muchísimas cosas/personas pueden influir nuestra voluntad.  Cualquiera de estos que presente el poder de motivación más fuerte (y por lo tanto ejerce la influencia más grande) impulsa a la voluntad y causa que haga una selección/elección en particular.  

Entonces, el preguntar “¿Cómo puedo tener más fuerza de voluntad?” realmente es hacer la pregunta incorrecta.  Si la voluntad es simplemente la facultad de elección que responde a las influencias sobre ella, la pregunta correcta es, “¿Qué puedo hacer para que las influencias correctas se ejerzan sobre mi voluntad, y así mi voluntad sea impulsada a hacer las decisiones correctas?”

Muy poco es dicho sobre la voluntad en la Biblia.  Pero mucho se es dicho sobre el corazón.  El corazón es el centro interior de nuestro ser–nuestro ser verdadero–que consiste de nuestros intelectos, emociones, y voluntades.  Cuando Eva tomó y comió de la fruta prohibida, fue porque su voluntad respondió a sus emociones y a la influencia de Satanás  — Génesis 3:4-6.

El corazón es tanto nuestro consciente como nuestro subconsciente — Efesios 1:18; Colosenses 3:2; Salmos 40:8; Deuteronomio 6:6; Salmos 119:11; Proverbios 4:23.  Entonces nuestro corazón consiste de nuestro intelecto, nuestra voluntad, y nuestras emociones.  

Cada influencia que afecta a nuestra voluntad entra a nosotros a través de nuestra mente, ya sea que provenga de nosotros mismos (nuestra conciencia), o que sea alguna influencia externa.  

El corazón de la persona natural/no Cristiana es corrupto y engañoso.  (Génesis 6:5; Jeremías 17:9).  Cuando nos convertimos, Dios nos da un corazón nuevo (2 Cor. 5:17; Efesios 4:24) y el Espíritu Santo. De manera que un Cristiano tiene 2 naturalezas: la antigua que es pecadora, y la nueva que es justa.  Sin embargo, la naturaleza antigua pecadora ha sido reforzada por años del sistema de valores equivocado.    

La persona que se vuelve Cristiana después de una vida de inmoralidad puede dejar sus acciones inmorales inmediatamente, pero los pensamientos inmorales probablemente persistirán por mucho tiempo debido a todos los años pasados de programación inmoral.  O, la persona de temperamento fuerte, después de convertirse, puede tener problemas con el enojo debido a todo los años de haber alimentado su naturaleza pecaminosa en esa área.  Y la persona que tenía problemas con la mentira cuando no era Cristiana va a batallar con su tendencia a mentir después de convertirse porque el mal hábito se fortaleció a través del tiempo.  Estas cosas pueden cambiar, pero toma tiempo porque la vieja naturaleza/mente ha tenido años del sistema de valores equivocado influyéndola y aun sigue presente.

Esto crea un conflicto que los mismos Cristianos experimentan.  Nosotros tenemos una naturaleza nueva, y entonces empezamos a realizar nuestras vidas como deberían de ser como Cristianos.  Es así que la batalla se desencadena para ver cual naturaleza controla tu vida – Gálatas 5:16-17.  Y la naturaleza que controla tu vida entonces influye a tu voluntad, y tu voluntad entonces hace decisiones de acuerdo a la naturaleza que la domina — ya sea el bien o el mal.  Malamente, nuestra voluntad puede ser influenciada por la naturaleza pecaminosa con la que nacemos, los valores perversos del mundo, o las fuerzas demoníacas.  Por dicha, nuestra voluntad puede ser influenciada por nuestra nueva naturaleza justa, obtenida cuando nos convertimos, por el Espíritu Santo, o por valores Bíblicos.

Con esta base, me gustaría sugerir algunas maneras para que nuestra voluntad pueda ser influenciada en la dirección correcta.  Primero, debemos vivir/caminar con el Espíritu Santo (para no satisfacer los deseos de nuestra naturaleza pecaminosa  — Gálatas 5:16) y pedir/escoger que el Espíritu Santo tome control de tu vida (Efesios 5:18; 1 Juan 5:14-15).  Segundo, necesitamos poner nuestra mente en las cosas del Espíritu — Romanos 8:5-6 — y renovar nuestras mentes adoptando las perspectivas, los valores, las actitudes, y los sentimientos de la Biblia  (Romanos 12:2; Efesios 4:23-24) como propias.

Si el Espíritu Santo va a influenciar nuestras mentes, y la Biblia es la manera en la que el Espíritu nos habla, entonces necesitamos saturar nuestras mentes con la Palabra de Dios (leyendo, releyendo, y meditando sobre ella diariamente una y otra y otra vez hasta que veamos las cosas en la perspectiva de Dios, y pensemos de la manera que Dios pensaría, y sintamos de la manera que Dios sentiría).  Eso es lo que Dios les dice a los Israelitas en Deuteronomio 6:6-9, “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes.  Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos.  Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas.”

La Palabra de Dios debe estar constantemente en nuestras mentes sin importar lo que estemos haciendo.  Josué 1:8 y Salmos 1:2 refuerzan esta idea, y también Colosenses 3:2, 16.

Si tu te has estado preguntando, “¿Cómo puedo tener más fuerza de voluntad?” entonces aquí te digo cómo.  No hay atajo para obtener una voluntad más fuerte porque no existe tal cosa como una voluntad más fuerte.  Se trata simplemente de ejercer las influencias correctas sobre tu voluntad.  Se trata de llegar a la posición donde la Biblia sea el poder de motivación más fuerte influenciando tu voluntad, en lugar de las otras malas influencias.  Otro factor motivacional importante es el entender el valor de influenciar tu voluntad con los factores correctos.  

El ser controlado por el Espíritu Santo y tener nuestras mentes puestas en los deseos del Espíritu trae vida y paz (Romanos 8:6), libertad de culpa y disciplina de Dios, y la ganancia de las recompensas de Dios.  Una vez controlados por el Espíritu Santo, nosotros necesitamos escoger como un acto de nuestra voluntad el hacer lo correcto.  Al continuar haciendo lo que es correcto, creamos nuevos patrones de hábito.

Un hábito puede ser definido como “la prevalente disposición o carácter de los pensamientos y sentimientos de una persona; su composición mental.”  Los hábitos no son más que pensamientos o patrones emocionales que han sido grabados en nuestras mentes, sobre los que podemos regrabar.  1 Timoteo 4:7 dice “disciplínate a ti mismo para la piedad.”  Establece patrones de hábito piadosos.

Por ejemplo, un exitoso hombre de negocios accidentalmente atropelló a un niño mientras manejaba hacia su casa.  Debido a que el niño salió rápidamente de detrás de un carro, no fue la culpa del hombre.  En lugar de pararse y llamar a una ambulancia (lo cual pudo haber terminado la responsabilidad del hombre), el hombre huyó de la escena del accidente y ultimadamente fue a la cárcel.  La razón por la que el hombre huyó de la escena tiene raíces en su niñez, ya que cuando él hacía algo malo mentía para salirse de líos.  El mentir para salirse de problemas había sido un patrón durante toda su vida, así que en tiempos de crisis, éste hábito salió a relucir e influenció su voluntad.  Ya que la voluntad responde a la influencia más fuerte sobre ella en una situación en particular–en este caso el hábito de mentir–el hombre fue incapaz de vencerlo.  

Solución:  Siéntate y pregúntate, “¿Cuáles son los hábitos que necesito romper? ¿Cuales son los hábitos que Dios quiere que elimine? ¿Y qué buenos hábitos quiero adquirir?  Tal vez es el meditar en la Palabra de Dios.  Un misionero, en vez de escuchar la radio en su carro, meditaba en versículos de la Biblia. Ponte metas alcanzables cuando trates de adquirir un nuevo hábito.  Los hábitos son adquiridos por medio de la repetición, así que cualquier nuevo hábito que te propongas, hazlo seguido.  Por ejemplo, si es memorizar versículos de la Biblia, entonces medita en ellos diariamente para mejor retención a largo plazo.  O, si decides tener Tiempo de Silencio diariamente (leyendo la Biblia y meditando y orando) es mejor tenerlo todos los días a la misma hora.  La repetición refuerza el establecimiento de un hábito nuevo.  Y no hagas excepciones, ya que las excepciones sólo refuerzan tus viejos patrones de hábito.  Tu viejo sistema de valores de pereza, morosidad, racionalización, o indulgencia es simplemente fortalecido.  Cuando dejas que una excepción ocurra, ésta refuerza ese viejo sistema de valores y cava ese surco en tu mente un poquito más.  Y no te recompenses con la misma cosa que estás tratando de romper.  No digas, “Mañana me quedaré dormido más tiempo porque ya va una semana de que me he levantado temprano.”  O “Hoy voy a comer mal porque ya perdí 10 libras desde que me puse a dieta.” O, “Puedo tomarme una cerveza porque he dejado de tomar completamente.”  O, “Puedo fumarme un cigarrillo porque ya deje de fumar.”  O “Puedo pasar por la tienda de pornografía, o una película clasificación X, porque ya deje de ver pornografía.”  

Reconoce que esa elección afectará a otra.  Si hay 2 cosas que estás tratando de cambiar y cedes a una, entonces te debilitará con respecto a la otra porque estas tratando de adquirir un hábito en general de decir “no” a los deseos de la carne/la naturaleza pecaminosa.  Éste es el hábito básico que queremos adquirir, el decir “no” a uno mismo, no sólo a alguna cosa específica que es un mal hábito.  

Por ejemplo, si me gusta demasiado el comer helados (aunque el helado es amoral), y cedo al deseo de comerme un helado cuando ya había decidido dejarlo, entonces tendré dificultades con mi propia voluntad en algunas otras áreas de mi vida, como mis pensamientos. Si le abro la puerta a complacerme con un helado, le estaré abriendo la puerta a una actitud de indulgencia a otros malos hábitos, como los pensamientos impuros.  (¡Entonces no cedas en nada!)

[1] Un famoso club de adelgazamiento.

Por Campus Christians

Este artículo también está disponible en:  Inglés

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