¿Cómo sabemos que la Biblia que tenemos hoy siquiera se parece a la original?

¿A caso los copistas a través de los siglos no han agregado, borrado, y embellecido los documentos de manera que el mensaje original de la Biblia se ha nublado?

Estas preguntas son frecuentemente usadas para desacreditar a las fuentes de información de donde se ha desarrollado la fe Cristiana.

I.  Introducción.

Empecemos diciendo que el Cristianismo está enraizado en la historia.  Jesús era un hombre histórico.  Fue contado en el censo Romano y su muerte fue sin duda registrada en los archivos Romanos.  ¿Qué es lo que sabemos sobre él? Dependemos totalmente de la exactitud y validez de las fuentes que han sido dejadas.  ¿Pero qué sabemos sobre Julio César? Carlomagno? George Washington? ¿O cualquier otro hombre histórico? Dependemos de la exactitud y la validez de las fuentes que nos han pasado que nos dan información sobre sus vidas.  Debido a la magnitud de lo que se dice de Cristo, es extremadamente importante establecer la validez histórica de los documentos que relatan su vida y su ministerio.  Esta tarea de determinar el texto original de un documento se llama “crítica textual.”

II.  Tres errores que evitar.

A.  No asumas la inspiración o la infalibilidad de los documentos con el propósito de tratar de probar la inspiración o la infalibilidad de los documentos.  No digas que la Biblia es inspirada e infalible simplemente porque dice serlo.  Esto se llama pensamiento o razonamiento circular.  

B.  Cuando pienses sobre el documento original, olvídate de la forma presente de la Biblia, y considera la Biblia como una colección de documentos de fuentes antiguas.  Deben ser tratados igual que los documentos de cualquier otra literatura histórica antigua.  

C.  No empieces con “autoridades” modernas y luego te fijas en los documentos para ver si las autoridades estaban en lo correcto.  Empieza con los documentos.  Las conclusiones deben extraerse de la investigación de ellos.

III.  Procedimientos Para Examinar La Validez de Un Documento.

En su libro, Introduction to Research in English Literary History (Introducción a la Investigación en la historia de la literatura inglesa), C. Sanders expone tres pruebas de exactitud utilizadas en la historiografía general y la crítica literaria.  Estas pruebas son (1) bibliográficas (ej. la tradición textual — desde el documento original hasta las copias y manuscritos de ese documento que tenemos hoy), (2) evidencia interna, y (3) evidencia externa. Es digno de notar que C. Sanders es un profesor de historia militar, no un teólogo.  Él usa estas tres pruebas de exactitud en su campo de estudio de historia militar.

La Tradición Textual:  (La Prueba Bibliográfica)

En el caso de documentos del Nuevo Testamento, la primera pregunta es: “Sin tener las copias originales de la Biblia, ¿podemos reconstruirlas suficientemente bien y precisamente bien para que nos den una visión verdadera y sin distorsión de la gente, los lugares, y los eventos reales?”

IV.  El Antiguo Testamento.

A.  El Escriba.

El escriba era considerado una persona profesional en la antigüedad.  No existía la imprenta, así que gente era entrenada para copiar documentos.  Generalmente un Judío devota se encargaba de esa tarea.  Los escribas creían que estaban lidiando con la Palabra de Dios y por lo tanto eran extremadamente cuidadosos al copiar.  Ellos no simplemente escribían las cosas a prisa.  La copia completa más antigua del Antiguo Testamento Hebreo es del año 900 A.D.

B.  El Texto Masorético.

Durante la primera parte del siglo 10 (916 A.D.), había un grupo de Judíos llamados los Masoretas.  Estos escribas judíos eran meticulosos al copiar.  Los textos que tenían estaban en puras letras mayúsculas, y no tenían ni puntuación ni párrafos.  Los Masoretas copiaban Isaías, por ejemplo, y cuando acababan, contaban el número total de letras.  Después encontraban la letra que estaba a la mitad del libro.  Si no era la misma, hacían una copia nueva. Todas las copias actuales del texto Hebreo que vienen de este tiempo manifiestan una similitud extraordinaria.  Comparaciones del texto Masorético con versiones anteriores en Latín y Griego también han revelado que las copias fueron hechas cuidadosamente y reflejan pocos cambios durante los mil años desde 100 B.C. hasta 900 A.D.

C.  Manuscritos del Mar Muerto.

En 1947, un pastor de cabras Beduino encontró unas vasijas de barro extrañas en una cueva cerca del valle del Mar Muerto.  Dentro de las vasijas había unos rollos de cuero.  El descubrimiento de estos “Manuscritos del Mar Muerto” en Qumran ha sido aclamado como el descubrimiento arqueológico más sobresaliente del siglo 20.  Los manuscritos revelaron que una comunidad de agricultores monásticos prosperaba en el valle desde 150 B.C. hasta 70 A.D.  Al ver que los Romanos invadían la tierra, ellos pusieron sus rollos de cuero en vasijas de barro y los escondieron en unas cuevas en el monte al oeste del Mar Muerto.

Los Manuscritos del Mar Muerto incluyen una copia completa del libro de Isaías, un fragmento de una copia de Isaías, la cual contiene la mayoría de Isaías 38-66, y fragmentos de casi todos los libros del Antiguo Testamento.  La mayoría de los fragmentos son de Isaías y del Pentateuco (Génesis – Deuteronomio).  Los libros Samuel, en una copia deteriorada, también fueron encontrados, y también dos capítulos completos del libro de Habacuc.  Varios artículos no bíblicos también fueron descubiertos.  Están fechados alrededor del año 100 B.C.  El significado del descubrimiento, y particularmente de la copia de Isaías, fue reconocido por Merril F. Unger cuando dijo, “Éste documento completo de Isaías muy entendiblemente creó una gran sensación debido a que fue el primer manuscrito bíblico importante de gran antigüedad que ha sido recuperado.  El interés en él fue especialmente entusiasta ya que antedata por más de 1,000 años el texto Hebreo más antiguo preservado en la tradición Masorética.” Famous Archaeological Discoveries, p. 72 (Descubrimientos Arqueológicos Famosos).

¿Qué se aprendió?  Al comparar el manuscrito de Qumran de Isaías 38-66 con el que teníamos, los eruditos se dieron cuenta de que “el texto es extremadamente cercano a nuestro texto Masorético.  Una comparación de Isaías 53 demuestra que sólo 17 letras son distintas del texto Masorético. Diez de ellas son simples diferencias en ortografía, como ‘oscuro’ y ‘obscuro,’ y no producen ningún cambio en el significado.  Cuatro de ellas son diferencias muy pequeñas, como la presencia de una conjunción, la cual es muchas veces cuestión de estilo. Las otras 3 letras son la palabra ‘Luz’ en Hebreo.  Esta palabra fue añadida al texto por alguien después de ‘Él lo verá’ en el verso 11.  De las 166 palabras en este capítulo, sólo esta palabra está en cuestión, y realmente no cambia nada el sentido del pasaje.  Esto es típico del manuscrito completo.”  R.L. Harris, “How Reliable is the Old Testament Text?” Can I Trust My Bible? Chicago Moody Press, 1963, p. 124 (“¿Cuán Confiable es el texto del Antiguo Testamento?” ¿Puedo Confiar En Mi Biblia?).

D.  La Septuaginta.

La traducción Griega del Antiguo Testamento, llamada Biblia Septuaginta, también confirma la exactitud de los copistas que últimamente nos dieron el texto Masónico.  Muchas veces la llaman la LXX porque según se dice fue escrita por 70 eruditos judíos en Alejandría por el año 200 B.C.  La LXX parece ser una traducción bastante literal del Hebreo, y los manuscritos que tenemos son copias bastante buenas de la traducción original.

E.  Conclusión.

L. Harris concluyó, “Ahora podemos estar seguros de que los copistas trabajaron con mucho cuidado y exactitud en el Antiguo Testamento, incluso en el año 225 B.C…. de hecho, sería escepticismo imprudente lo que negaría que ahora tenemos un Antiguo Testamento que se parece mucho a la forma que Ezra usaba cuando le enseñaba la palabra de Dios a aquellos que regresaban de la cautividad de Babilonia”  (Harris, pp. 129, 130).

V.  El Nuevo Testamento.

A.  La Evidencia del Manuscrito.

1.  Hay más de 4,000 manuscritos Griegos antiguos que contienen todo o porciones del Nuevo Testamento que han sobrevivido hasta nuestro tiempo.  Están escritas en materiales diferentes.  Durante la era temprana del Cristianismo, el material de escritura usado más comúnmente era el papiro.  Esta planta duradera eran pegada como si fuera madera contrachapada y luego se dejaba secar en el sol.  En los últimos cincuenta años muchos restos de documentos (Bíblicos y no Bíblicos) en papiro han sido descubiertos, especialmente en las tierras secas y áridas de África del Norte y el Medio Oriente.  Otro material usado era el pergamino.  Éste era hecho con la piel de ovejas o cabras, y era muy usado hasta la Edad Media cuando el papel empezó a reemplazarlo.  Era escaso y más caro; por lo tanto, era usado para documentos importantes.  Hay dos copias excelentes del Nuevo Testamento entero que datan del siglo 4 (325-450).  Son el códice Vaticano y el códice Sinaítico.  Aun antes de eso, fragmentos y copias en papiro de porciones del Nuevo Testamento fechan desde 100 hasta 200 años antes de los códices Vaticano y Sinaítico.  Los más destacados son los Papiros Chester Beatty y los Papíros Bodmer II, XIV, XV.  Con tan sólo estos cinco manuscritos podemos construir todo Lucas, Juan, Romanos, 1a y 2da de Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1a y 2da de Tesalonicenses, Hebreos, y porciones de Mateo, Marcos, Hechos, y Apocalipsis.  Sólo las Epístolas Pastorales (Tito, 1a y 2da de Timoteo), las Epístolas Generales (Santiago, 1a y 2da de Pedro, 1a, 2da, 3a de Juan) y Filemón fueron excluidos.  Tal vez la pieza más antigua de la Escritura que tenemos es un fragmento de un códice de papiro que contiene Juan 18:31-33, y 37.  Se llama el Papiro Rylands, que data desde el año 130 A.D., y fue encontrado en Egipto.  El Papiro Rylands ha obligado a los críticos a situar al cuarto evangelio en el 1er siglo otra vez, y a abandonar su previa afirmación de que no había sido escrito en el 1er siglo por el Apóstol Juan.  La tradición dice que Juan escribió este evangelio en Éfeso.  Este evangelio ya había llegado desde Éfeso hasta Egipto para los años 120 – 130 A.D. Considerando estos datos parece haber un puente de pedazos de papiro que vincula las copias más antiguas del Nuevo Testamento (los códices Vaticano y  Sinaítico) con el final del primer siglo.

2.  Versiones.

Además de los manuscritos Griegos, hay más de 1,000 copias y fragmentos del Nuevo Testamento en Caldeo, Copto, Armenio, Gótico, Etíope, sin mencionar las 8,000 copias de la Vulgata, algunas de las cuales datan casi en los años de la traducción original de Jerónimo en 384 – 400.

3.  Los Padres de la Iglesia.

Un testigo más del texto es encontrado en las miles de citas de los padres de la iglesia (los primeros escritores Cristianos).  Si todos los manuscritos del Nuevo Testamento desaparecieran de un día para otro, podríamos reproducir el Nuevo Testamento completo con las citas de los padres de la iglesia, con la excepción de 15 a 20 versículos.  

 B.  Una Comparación.

La evidencia de la existencia temprana de la escritura del Nuevo Testamento es clara.  La riqueza de los materiales del Nuevo Testamento se vuelve evidente cuando la comparamos con otros documentos antiguos que han sido aceptados sin duda.  Considera la siguiente tabla:

DOCUMENTO

CUANDO FUE ESCRITO COPIA MAS ANTIGUA NUMERO DE COPIAS
La Guerra Gálica 58 – 50 B.C. 900 A.D. 9 – 10
Historias 100 A.D. 900 A.D., 1,000 A.D. 2
Anales 100 A.D. 900 A.D., 1,000 A.D. 2
Historia 480 – 425 B.C. 900 A.D. 8
Nuevo Testamento 50 – 90 A.D. Fragmento, 100 – 125 A.D.

Papiro, 200 A.D.

Muchas copias antes de 500 A.D.

100

3,500+

Lo mismo se puede decir de Esquilo, Aristófanes, Sófocles, Platón, y Demóstenes.  El tiempo entre sus escritos y el manuscrito más antiguo que tenemos de sus trabajos está entre 1,200 y 1,600 años.  Pero ningún humanista jamás escucharía un argumento que ponga en duda la autenticidad de Herodoto o Tucídides porque los manuscritos más antiguos de sus escritos que nos son de alguna utilidad fueron escritos más de 1,300 años después que los originales.  Compara esto con los escritos del Nuevo Testamento.

 C.  Conclusión.

En su libro, La Biblia y la Arqueología, Sir Frederic G. Kenyon, ex bibliotecario y director del Museo Británico, dijo, “El intervalo, pues, entre las fechas de su composición original y la más temprana evidencia existente llega a ser tan pequeño que de hecho es insignificante, y el último fundamento para dudar que las Escrituras hayan llegado a nosotros sustancialmente como fueron escritas ahora se ha quitado.  Tanto la autenticidad como la integridad general de los libros del Nuevo Testamento se pueden considerar como finalmente establecidas”  (J.W. Montgomery, Historia y Cristianismo, p. 29).

Básicamente tenemos la Biblia que fue escrita por los hombres santos de la antigüedad.  B.F. Westcott y F.J. Hort, en su libro, El Nuevo Testamento en el Griego Original, dijeron, “Si trivialidades comparativas, como los cambios de orden, la inserción o la omisión del artículo con nombres propios, y cosas similares se dejan de lado, las palabras en nuestra opinión que siguen siendo objeto de duda difícilmente pueden cubrir más de una milésima parte de la totalidad del Nuevo Testamento.”  Tenemos la Palabra de Dios.  Los cambios pequeños y variaciones en los manuscritos no cambian ninguna doctrina importante; no afectan al Cristianismo en lo más mínimo.  El mensaje es el mismo con y sin las variaciones.

La sabiduría de Dios:  No tenemos un pedazo del autógrafo original.  ¡No tenemos una pieza de papel vitela o papiro! Yo creo que Dios planeó esto.  Debido a nuestra inclinación hacia la idolatría, probablemente adoraríamos a los documentos originales de la Biblia si existieran… Haríamos una peregrinaje y nos doblegaríamos ante ellos.

Dios tampoco quiere que probemos su autoridad a no Cristianos.  Él quiere que practiquemos Hebreos 11:6, “Y sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es remunerador de los que le buscan.”

La Biblia no fue escrita para satisfacer nuestra curiosidad ociosa, sino para transformar nuestras vidas.  No discutas con gente sobre la Biblia, ni trates de probar su autoridad.  Cristo dijo, “Me seréis testigos,” ¡no “me seréis eruditos apologéticos!”

Por Campus Christians

Este artículo también está disponible en:  Inglés

 

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