El Cristiano está en una batalla–contra un enemigo con estrategias, tácticas y planes de combate muy bien organizados.  Sin embargo, muchas veces el enemigo llega a la batalla sin preparación–sin planes, sin tácticas, sin estrategias–él sólo empieza a dar golpes.  

Hay dos factores esenciales en la batalla:  el poder y la estrategia.  Tú no puedes ganar sin poder, pero también debes de tener un plan.

Imagínate a un almirante en un buque de guerra.  El barco es atacado desde el aire, y él da una orden: “Tiren las cargas de profundidad.”  El almirante sería vencido–no por falta de poder, sino por falta de estrategia porque las cargas de profundidad están diseñadas para destruir submarinos, no aviones.  

Puede que suene ridículo, pero cuando se trata de luchar contra la tentación, la mayoría de nosotros hacemos cosas igual de ridículas casi todos los días.  Luchamos cuando deberíamos de correr y corremos cuando deberíamos de pelear, y nos preguntamos por qué perdemos constantemente.  

Al empezar una batalla, un buen general quiere saber y conocer dos cosas: a su enemigo y a sí mismo.

Conoce A Tu Enemigo

La Escritura enseña que hay un ser espiritual supernatural personal conocido como el diablo, o Satanás.  Originalmente, él era un gran ser angelical con altas responsabilidades en el cielo.  

Pero él trató de derribar al gobierno de Dios, y Dios lo expulsó.  En el intento de Satanás de tomar posesión, alrededor de un tercio de las huestes angelicales se unieron a él y también fueron expulsadas.  Estos son los ángeles caídos, o los demonios.

Satanás es la fuente fundamental del mal y nuestro enemigo fundamental, pero eso no quiere decir que él nos ataca personalmente.  Cuando decimos que él nos ataca, es probablemente a través de uno de millones de demonios que hacen su trabajo sucio.  

Satanás también nos influye a través de otros dos medios:  el mundo y la carne.

La palabra “mundo” tiene varios significados en las Escrituras.  Sin embargo, el mundo que es nuestro enemigo es descrito en 1 Juan 2:15, donde dice, “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo.  Si alguno ama al mundo, el amor del padre no está en él.”  Y en Romanos 12:2, dice, “Y no os adaptéis a este mundo.”  Y en Santiago 4:4, dice, “la amistad del mundo es enemistad hacia Dios.”  

El mundo de aquí es hostil–el mundo de hombres que no son salvos, y de la sociedad, la cultura, y del sistema de valores que ellos han establecido que es anti-Dios, y que está opuesto a los valores, las metas, y los mandamientos de Dios.

Las tentaciones más sutiles que enfrentamos vienen del mundo.  La mayoría de las tentaciones del mundo no son necesariamente cosas que son ilegales o inmorales, sino cosas que destruyen sutilmente nuestro bienestar espiritual.

Ocasionalmente en mi clase de Escuela Dominical para parejas jóvenes casadas, me doy cuenta de que una pareja joven, celosa de las cosas de Dios, de repente falta a clase.  Al ponerme en contacto con ellos, me doy cuenta de que han comprado una casa.  

No tiene nada de malo tener una casa nueva.  Pero al hacerse cargo de las muchas responsabilidades que implica el comprar una casa, ellos ya no tenían tiempo para ir a la iglesia, tal vez tampoco para Dios.  Una cosa perfectamente moral y legítima del mundo estaba afectando su bienestar espiritual.

1 Timoteo 6:10 dice, “la raíz de todos los males es el amor al dinero.”

Satanás usa los encantos del mundo para alejarnos de Dios.

La palabra “carne” también es usada de muchas maneras en la Biblia.  A veces se refiere el cuerpo material; otras veces a la humanidad.

Este enemigo es descrito en Gálatas 5:17, “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis.”

La carne también es llamada “el viejo hombre” en Romanos 6:6, y “la naturaleza pecaminosa” en Romanos 7-8.  Es nuestro innato egoísmo y rebelión, heredado del caído, rebelde Adán, que fue padre de una raza de hijos e hijas nacidas en su imagen y semejanza.  (Vea Génesis 5:3).

La carne (nuestra naturaleza pecaminosa) es el enemigo de adentro–un traidor dentro de las filas mediante quien Satanás puede trabajar.

Conócete A Ti Mismo  

En 1 Tesalonicenses 5:23, encontramos esta oración: “Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venido de nuestro Señor Jesucristo.”

Muchas veces el mundo nos dice que el ser humano es simplemente un cuerpo, una máquina biológica.  Dios dice que el cuerpo es la casa en la que la persona vive y opera, y que la persona real no es material.  

Podemos describir la esencia de una persona como espíritu y alma.  La Escritura muchas veces las usa como sinónimos.  Sin embargo, en 1 Tesalonicenses 5:23, encontramos una diferencia obvia.

A veces la palabra “alma” significa la persona completa.  Pero en este sentido especializado, la usaremos para referirnos a la autoconciencia, la capacidad que te hace consciente de ti mismo en relación con tu ambiente.

La autoconsciencia está atada cercanamente al orgullo, o al ego.  Si tu analizas tus tentaciones, te darás cuenta que muchas de ellas son dirigidas a este aspecto de tu personalidad.  

El hombre fue creado para estar consciente no sólo de sí mismo, sino también de Dios.  La palabra “espíritu” indica nuestra “consciencia de Dios.”

Esta conciencia es única del hombre.  Y dondequiera que encuentras al hombre, a no ser que haya sido entrenado deliberadamente de otra manera, lo encontrarás tratando de adorar a algo.

El cuerpo es material–la carne, los huesos, los ojos.  Algunas tentaciones son dirigidas exactamente a los impulsos biológicos del cuerpo, y todos somos vulnerables en esa área.  

Conoce Tu Tentación

Saber que los ataques del enemigo vendrán de tres fuentes:  el diablo, el mundo, o la carne, y saber que los ataques serán en contra de una de tres áreas:  el espíritu, el alma, o el cuerpo, puede ayudarnos a luchar contra la tentación.  

Un ataque directo del diablo usualmente va a ser contra tu espíritu–tu conciencia de Dios.  Satanás nos tienta a dudar de la Palabra de Dios, la Biblia, la fidelidad de Dios, y/o nuestra salvación.

El mundo generalmente ataca a tu alma–tu ego, o tu autoconciencia.  ¿Quieres dinero y las cosas que el dinero puede comprar, como un carro lujoso, una casa detallada, estatus, y/o prestigio?  Te darás cuenta de que quieres estas cosas para que la gente te reconozca; eso es ego.

La carne (tu naturaleza pecaminosa) ataca los apetitos de tu cuerpo, empujándote a que disfrutes de ellos más allá de los límites legítimos.

Estos son los tres tipos básicos de la tentación.  Yo me refiero a ellos como el ABC de la tentación:

Tipo A:  El Diablo ataca tu conciencia de Dios, o tu espíritu.

Tipo B:  El mundo ataca tu autoconciencia, o tu alma.

Tipo C:  La carne/la naturaleza pecaminosa ataca tus impulsos corporales.  

Planea tu Estrategia

Armado con esta información, tú puedes planear tu estrategia.  Cuando seas tentado, primeramente determina qué tipo de tentación es.  

Pregúntate, “¿Qué es lo que está bajo ataque? Si es tu impulso biológico, entonces es una tentación Tipo C, que viene de la carne.  Si es tu ego, o tu orgullo, entonces es Tipo B, que viene del mundo.

Este análisis suena algo raro, pero es crucial.  Con el tiempo, puede volverse casi automático.

Para cada tipo de tentación, necesitarás usar una estrategia de resistencia diferente.    

Tipo A–es un ataque demoníaco directo sobre tu conciencia de Dios.  Para esta tentación, fíjate en Santiago 4:7, “Someteos a Dios. Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros.”

Jesús lidiaba con los ataques de Satanás de esta manera.  Cada vez que Satanás lo tentaba, Jesús usaba/se refería a la Escritura apropiada de acuerdo al área en la que era tentado y decía, “Está escrito”  (Mateo 4:4, 7, 10.).

Con el Tipo A, debemos resistir en el poder del Espíritu, pero usando la Palabra de Dios.  Por ejemplo, si Satanás trata de decirle a un Cristiano nuevo que no es salvo, hay que referir al Diablo a un pasaje como Juan 5:24, que dice claramente que todo aquel que cree en Cristo tiene vida eterna.

Para lidiar con este tipo de tentación, debes de saber manejar tu Biblia.  Un marinero se vuelve competente con su rifle, lo puede desarmar y volverlo a armar con los ojos vendados.  Así mismo, es esencial que tu memorices la Escritura si esperas tenerla a tu disposición cuando llegue la tentación.

David dijo, “En mi corazón (mente) he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti.”  (Salmo 119:11). Mientras más guardes la Palabra de Dios en tu corazón, más preparado estarás para lidiar con una tentación Tipo A.  

Tipo B–es el mundo atacando tu ego.  A lo largo de tu vida, esta tentación probablemente será la más prominente.  Vivimos en una sociedad altamente materialista, y cada uno de nosotros cae en diferentes maneras.  

¿Cómo lidias tú con esta tentación?  Podrías juntar todo tu dinero, ir al centro comercial o al vendedor de carros más cercano, y tratar de luchar contra la tentación.  Pero eso sería devastador.  

1 Juan 2:15 dice, “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo.  Si alguno ama al mundo, el amor del padre no está en él.”  

Si tu amor de Dios se enfría, el mundo entrará en ese vacío.  Si te das cuenta de que estás amando al mundo desmesuradamente, ese es un síntoma de un problema más grave.  No luches contra el síntoma; deja que te sirva de advertencia de que algo le ha pasado a tu amor por Dios.

Si la luz del aceite de mi carro se prende, podría agarrar un martillo y quebrarla.  Pero eso no resolvería nada.  La luz me está avisando que mi maquina necesita aceite.

La clave para una vida Cristiana exitosa es el mantener una relación de amor con Dios.  Si eso empieza a decaer, empezarás a amar las cosas de este mundo: estatus, ropa, carros, seguridad, dinero.

Si te encuentras en esa condición, deja que te sirva de advertencia.  Revisa tu amor por Dios.  Quédate a solas con Dios, revive tu amor por Él.  Mientras más ames a Dios, las cosas del mundo se volverán menos importantes.  

Tipo C–es la carne (la naturaleza pecaminosa) atacando los apetitos de tus impulsos corporales.  Nuestra cultura nos envuelve con tentaciones sexuales.  Toma nota de todos los comerciales que usan el sexo:  te darás cuenta que lo usan en cosas desde tostadoras hasta pastas de dientes.  

Cuando aconsejo a gente joven sobre el tema, siempre escucho la misma historia.  El hombre empieza diciendo, “He estado saliendo con María López por varias semanas, y estamos siendo tentados sexualmente.”  

Yo digo, ¿Y qué hay de nuevo? Si no lo fueras, probablemente algo no estaría bien contigo.  

Él continúa diciendo, “Tenemos una clase de biología juntos, así que hoy vamos a ir a la playa de Newport a juntar algunas algas que están sobre las rocas.  Pero si somos tentados en esa playa sola y romántica, hemos decidido que nos vamos a hincar y orar y pedirle a Dios que nos ayude a luchar contra esta cosa.”

Eso suena piadoso/espiritual, pero es como meter la cabeza en la boca del león y pedirle a Dios que el león no te muerda.  Dios es muy específico sobre cómo lidiar con las tentaciones sexuales.  

Cuando la Biblia habla de evitar el pecado sexual ofrece la misma estrategia:  “Huye, pues, de las pasiones juveniles” (2 Timoteo 2:22).  “Huid de la fornicación”  (1 Corintios 6:18).

No te dice que luches, sino que huyas. Cuando la esposa de Potifar trató de seducir a José (Génesis 39), ¿acaso él sugirió que oraran? ¡No, él corrió!

Hay diferentes maneras de correr.  A veces, como José, tienes que correr con tus pies.  Más a menudo necesitarás huir de la situación.  

Si tienes problemas con las tentaciones sexuales en un noviazgo, no vayas a una cita donde pueden estar solos los dos.  Ve a lugares con luces luminosas y con mucha gente.  Nada les va a pasar en un juego de béisbol con miles de personas a su alrededor.  Estás huyendo de la situación.  

Puedes usar esta táctica con cualquier impulso biológico.  

Yo no trato de luchar contra mis antojos de comer donas.  Si me paro afuera de una panadería y me pongo a ver donas, voy a acabar entrando y atracándome de donas.  Entonces me mantengo lejos de la tentación tanto como puedo.  

Con estas pocas tácticas puedes hacerle la guerra a las tentaciones efectivamente:   Cuando seas tentado por el diablo a dudar de tu conciencia de Dios, resiste con la Palabra.  Cuando seas tentado por el mundo para rendirte a tu ego, revisa tu amor por Dios.  Cuando seas tentado por la carne/la naturaleza pecaminosa para mal uso de tus impulsos corporales, huye.  Lleva a cabo estas tácticas en el poder del Espíritu Santo y empieza a ganar la guerra en contra de la tentación.

por el Dr. Curtis C. Mitchell

Este artículo también está disponible en:  Inglés

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