“No puedo venir delante de Dios con este pecado nuevamente. Dios está cansado de escucharme pedirle perdón por la misma cosa una y otra vez. He decidido dejar que todo pase hasta que no pueda más.”  Su historia es una que en principio ha sucedido miles de veces. El aceptó a Cristo como Salvador a la edad de 12 años. Después de que pasó la novedad, su relación con Dios se fue en picada. Durante sus años de adolescente, se rebeló en contra de las restricciones de sus padres. Pronto aprendió a maldecir, tomar y leer pornografía a escondidas. El frecuentemente pedía el perdón de Dios y prometía que no volvería a repetir este ciclo interminable de fracaso personal, pero por alguna razón él nunca rompió con esto definitivamente.

A medida que crecía, él se sentía desanimado que frecuentemente pasaba semanas sin orar. Algunas veces tomaba la decisión de mejorar. El se sentía seguro que si leía la Biblia más seguido y pasaba tiempo en oración, Dios le daría la victoria que él deseaba.

Así que él trató. Se levantó de la cama una media hora más temprano, leyó unos cuantos versículos, y oró. Nada sucedió. Nada, excepto que él se sentía más exhausto durante el día. ¡Si tan sólo él supiera con certeza que él estaba perdonado! ¡Si tan sólo él pudiera tener “lo que se necesita” para vivir en compañerismo con Dios!

Estoy convencido que la única gran causa de derrota espiritual es una conciencia culpable. Sabes que hemos pecado y que estamos cansados de esto; sin embargo no sabemos cómo ser libres de una sensación de fracaso.  De hecho, la mayoría de nosotros hemos experimentado este mismo ciclo fútil. Nosotros pecamos, nos sentimos culpables, tratamos de confesar nuestros pecados, y aún nuestro pasado llena nuestras mentes. Nosotros entonces tratamos de hacer algo bueno para compensar nuestra culpa; pero entre más duro tratamos, cuanto más inútil se vuelve.

¿El resultado? ¿Desaliento y la sospecha de que lo hemos arruinado? Así que cometemos los mismos pecados otra vez.

C.S. Lewis, en Screwtape Letters, vividamente describe la estrategia de Satanás: mantiene a los Cristianos preocupados con sus fracasos; desde ese momento la batalla está ganada por Satanás.

El mayor desatino de los Cristianos no son sus fracasos cuando tratan de vivir para Cristo; un error mayor es que ellos no entienden la provisión de Dios para el pecado. ¡La derrota y la culpa! ¡Somos exitosos sólo hasta el punto en que entendamos el remedio de Dios para el fracaso! Lee estas páginas cuidadosamente: son un intento para explicar la cura de Dios para el síndrome de la culpa.

Primero, la muerte de Cristo en la cruz incluye un sacrificio por todos nuestros pecados, pasados, presentes, y futuros. ¡Cada pecado que tú alguna vez pudiste haber cometido ya ha sido pagado! Todos nuestros pecados eran futuros cuando Cristo murió dos mil años atrás. Por lo tanto, El hizo un pago por todos los pecados pasados y futuros. No hay ningún pecado que tú alguna vez hayas cometido que no haya ya estado incluido en la muerte de Cristo (Colosenses 2:13).

Dios no lo encuentra “difícil” perdonarnos. No es como si El nos estuviera dando una segunda oportunidad. El precio del perdón ya ha sido pagado, y Dios quiere que lo aceptemos libremente.

Cristo “es la propiciación por nuestros pecados; y no por los nuestros solamente, pero también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2). Esto significa que El satisfizo a Dios por todos los pecados que pueden ser cometidos. Déjame repetir esto, Dios ha sido satisfecho por cualquier cosa perversa inimaginable que tú puedas realizar.

Cuando Cristo dijo, “Está terminado,” la expresión es una palabra en griego utilizada para transacciones en los negocios. Cuando esta palabra se escribía en una factura, quería decir “pagado en su totalidad.” Ya no necesitas hacer algo por tus pecados tú solo. La muerte de Cristo pagó en su totalidad por nuestros pecados.

Segundo, ¡Dios no nos puede castigar por nuestros pecados! Todo el castigo ya ha sido dado a Cristo. Como predijo Isaías, “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada” (Isaías 53:10).

Dios lastimó a Cristo; Cristo recibió el enojo de Dios por el pecado. Dios nos disciplina, pero El no nos castiga. El ya no puede estar enojado con nosotros; Su justicia fue satisfecha en la cruz. Algunos Cristianos interpretan todas las calamidades como que Dios quiere desquitarse con ellos. Un niño enfermo, un accidente, problemas financieros, todos estos son algunas veces falsamente creídos como un castigo de Dios por nuestros pecados.

¡De hecho, algunas personas tratan de castigarse ellas mismas por sus pecados! Ellos comúnmente piensan en sus pecados y se lastiman físicamente para tratar de satisfacer a Dios. Todos estos intentos de pagar por nuestro pecado son diabólicos. ¡Satanás no quiere que entendamos que Cristo ya pagó por todos!

Tercero, aunque nos sintamos cansados de confesar los mismos pecados, Dios no se cansa de escuchar nuestras confesiones. Si yo digo a Dios, “Vengo a confesar el mismo pecado,” la respuesta de Dios es, “¿Qué pecado?” ¡Cualquier pecado anterior que ha sido confesado ya ha sido borrado para siempre! “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados,” Dios le dijo a Su pueblo (Isaías 44:22).

Los pecados que confesaste ayer ya nunca más serán una barrera entre tú y Dios, a menos que te niegues a aceptar el perdón de Dios y dudar del valor del sacrificio de Cristo. Las consecuencias del pecado a veces permanecen, pero la culpa (la condenación por la ofensa) ya no está. Si tenemos una conciencia limpia hacia otros (que es obtenida al hacer una confesión personal), nosotros podemos tener una conciencia limpia delante de Dios.

Una de las decepciones más populares de Satanás es hacernos creer que no debemos confesar nuestros pecados hasta un tiempo en el futuro cuando estemos viviendo más “victoriosamente.” Como Satanás engaña por los sentimientos así como por las palabras, él hace que “sintamos” que no somos perdonados; nos hace creer que Dios no está complacido con nuestro desempeño, y por lo tanto, ¡debemos de ya no más molestarlo acerca del perdón!

Para defenderse de este ataque los Cristianos comúnmente recurren a tratar de encontrar alguna señal de que Dios está complacido con ellos. Ellos piensan, “He recibido tal bendición de leer la Biblia hoy, seguramente Dios está complacido conmigo.” O quizá han sido muy lindos y pacientes. Sobre este fundamento, ellos esperan defenderse en contra del ataque de Satanás. Ellos esperan complacer a Dios siendo victoriosos, pensando que esto debe darles una relación más significativa con el Todo Poderoso. ¿El resultado? ¡Desesperación interminable y más fracaso! Nunca seremos aceptables a Dios por nuestra fiel lectura de la Biblia u oración disciplinada(si bien ambas son necesarias). No recibimos la aprobación de Dios porque testificamos a otros o somos fieles en asistir a la iglesia. ¡Dios ni siquiera nos acepta porque realizamos trabajos para los cuales El nos da la habilidad para hacer! Como veremos más adelante, Dios se complace con las buenas obras de Sus hijos por lo que estas significan –amor y gratitud. Pero las obras por sí mismas no son la base de nuestra aceptación.

¿Nuestro fundamento para complacer a Dios?  Es permanecer por fe en el sacrificio de Cristo.  ¡Somos aceptados en el amado! ¡Este fundamento permanece seguro aún si fallamos!

¿Qué tan justo debes de ser para ir al cielo? La respuesta es simple: tan justo como Dios. ¡Claro que todos nos quedamos cortos en esto! Pero los estándares de Dios no cambian.

Afortunadamente, Dios tiene un plan para hacernos así de justos. Esto involucra perdonar nuestros pecados y aún mucho más. Un Cristiano es alguien que es perdonado y tiene la justicia de Cristo. ¡Dios nos acepta como El acepta a Cristo!

Ahora, que cualquiera de nosotros puede morir en cualquier momento, ¡Dios nos ha aceptado para siempre en Cristo! Esto es, legalmente, todos nuestros pecados ya han sido perdonados; La honradez de Cristo es nuestra.

Piensa en esto: ¡Dios ve a los creyentes como absolutamente perfectos! Dios nos ve en Cristo. ¡Nada que tú puedas hacer puede cambiar la completa aceptación de Dios hacia ti!

Si somos permanentemente aceptados por Dios, ¿por qué es necesario confesar nuestros pecados? Nuestros pecados obstaculizan nuestro compañerismo, más no nuestra aceptación con Dios. Confesar significa, “estar en acuerdo con Dios” acerca de nuestro pecado. No significa suplicar, rogar, o vivir en miseria hasta que convenzamos a Dios que hablamos en serio. Simplemente estamos de acuerdo que hemos pecado y libremente aceptamos el perdón de Dios. Cuando hacemos esto, Dios no compromete su justicia. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Como el hijo pródigo, tenemos todos los derechos de un hijo, pero debemos de confesar nuestros pecados para experimentar la herencia que es nuestra.

¡Dios no está enojado contigo! No está insatisfecho contigo, si dependes solamente en la muerte y vida de Cristo para tu aceptación.

Pero una dificultad perma-nece. Dios está complacido con el sacrificio de Cristo. El te ha perdonado, pero ¿te has perdonado tú mismo? Muchos Cristianos están esposados por el remordimiento. Esto va desde la viuda que dice, “Si solamente yo hubiera persuadido a mi esposo a que fuera al doctor a tiempo, él no se habría muerto,” hasta la persona que cree que ha cometido un pecado imperdonable. Por naturaleza, sabemos que se tiene que pagar por el pecado; consecuentemente, algunas personas alimentan su remordimiento y se adhieren a su dolor. ¿La razón? Ellos creen que tal actitud es necesaria para castigarse a ellos mismos. Inconscientemente ellos quieren pagar por sus pecados.

Si Cristo ha pagado la pena por nuestros pecados y fracasos, ¿por qué debemos de tratar de sumar nuestros continuos remordimientos a Su trabajo? Cristo vino para liberarnos del cautiverio de nuestro pecado hacia Dios y de nuestra esclavitud hacia fracasos pasados. ¡El propósito de la cruz era reparar lo irreparable!

Es lo profundo y difícil del corazón por lo que la cruz fue propuesta para cubrir. El sacrificio de Cristo es tan bueno para los pecados grandes como para los pequeños. Desde la perspectiva de Dios, no hay razón para ser derrotados. Siempre somos aceptados en los libros de Dios, y si nuestro compañerismo es quebrantado, puede ser restaurado inmediatamente.

John Newton cometió cada pecado inimaginable. Sin embargo, más tarde él entendió la razón que él podría ser totalmente justo delante de Dios. El escribió, “Asombrosa Gracia, que tan dulce es el sonido que salvó a un desgraciado como yo; una vez estuve perdido, pero ahora me encontré. Estaba ciego pero ahora puedo ver.”

¡Esta gracia está disponible para ti y para mi! ¡Es un insulto para Cristo si creemos que Su sacrificio no fue suficiente para nosotros!

Condensado del Capítulo Cinco, Failure: The Backdoor to Success por Erwin W. Lutzer, Imprenta Moody.

 

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